Ser puertorriqueño; se nace y se aprende a serlo. 

Hace exactamente 10 años partí de la isla hacia Nueva York tras mi sueño de estudiar y jugar voleibol Div 1. No fue hasta que me fui que realmente entendí lo afortunada que era de ser puertorriqueña. Entendí lo que era extrañar tu gente, tu isla, la comida y tantas cosas más. Nunca planeé regresar a la isla cuando terminara mis estudios, pues tenía muchas oportunidades de progreso allá. Pero la vida es así y me llevo de vuelta a casa. 

Hace 5 años, un 20 de junio regresé a la isla, graduada con un Bachillerato en Biología Humana(pre-med) y concentración en Desarrollo. Los que me conocen saben porque regresé. Nada mejor que regresar a casa con la familia en lo que me podía establecer económicamente, regresé con muchos deseos de salir adelante y bien ilusionada de construir mi futuro. Además de que podría jugar en la Liga de Voleibol Superior en PR con lo cual había soñado desde pequeña. Jugar en la liga de aquí les confieso fue una experiencia grata por las compañeras y experiencias vividas en cancha, pero la realidad es que fue una gran decepción por la falta de profesionalismo administrativo. Pero no quiero entrar en detalles, de eso puedo escribir un artículo entero luego. 

Inicialmente tomé el primer trabajo que me dió la oportunidad y creyó en mi, aún cuando no era nada de lo que yo buscaba y ni experiencia tenía con niños. Al sol de hoy es el único trabajo que he tenido. Realmente fue una bendición y una oportunidad de crecimiento increíble, sin mencionar la familia extendida que me regaló. Pero, es de esos trabajos que desafortunadamente no son para toda la vida.  No les niego, que mis primeros meses y hasta años de vuelta en la isla fueron duros. Fue como darme contra la pared. Me había convertido en una extraña en mi propio país. Mi círculo de amistades de la escuela ya tenian nuevos amigos de la universidad. Los lugares que frecuentaba antes, ya no estaban. Yo llevaba 5 años fuera y muchas cosas ya habían cambiado. Literalmente, había regresado a empezar de 0 en la isla que me vio crecer. Fue duro y muchas veces me quise ir ante la desesperación de sentirme así. 

1 año luego de haber regresado, procedo a solicitar para entrar al Recinto de Ciencias Médicas para continuar mis estudios. Y como nada es fácil, durante mi proceso de solicitar a mi familia le toca la dura noticia de que el trabajo de mi mamá iba a recesar operaciones en la isla, lo que tendría eventualmente consecuencias en mi intento de estudiar. Como algunos saben, mi mamá es de Bélgica;nacida y criada, pero ya llevaba 27 años desde que Puerto Rico la adoptó. Si habia alguien que no se quería ir de aquí, era ella. En 27 años mi mamá había aprendido el español tan bien como su lengua madre, había visitado todos los rincones de la isla, le encantaba ir a la playa, y cocinaba un buen arroz blanco (amogollado) con “corned beef”. Nos había criado a mi hermano y a mi con un mezcla cultural entre europeos y puertorriqueños. Y aunque habían muchas cosas de la cultura de Puerto Rico que nosotros no experimentábamos, la realidad es que mi mamá hizo un gran trabajo, sin duda, no me podría haber tocado mejor mamá que ella. 

Para cuando mi mamá le toca irse, a mi me tocó decidir si irme con mi familia o quedarme en PR. Por un momento pensé irme, si total me sentía como una extraña en mi propio país. Pero me quedé, sin saber realmente porque y aún sabiendo que no podría continuar con mi plan de estudiar a tiempo completo pues me tocaría trabajar para poder sobrevivir sola por acá. Además de que estaba en una relación seria con mi actual compañero de vida, tenía fé de que aunque no fuera como lo había planeado iba a poder salir adelante y disfrutar de lo lindo de vivir en mi país aunque fuera sin mi familia.

 Me quede con mi trabajito part-time de instructora de clases para niños que tanto me gustaba y jugando voleibol. Me quedé a construir mi propia vida desde cero con mucho entusiasmo y esfuerzo, pues nada fácil era trabajar y jugar voleibol, todo a tiempo completo, y que la recompensa económica no diera abasto. 

Van 4 años desde que decidí quedarme. No me arrepiento en lo absoluto. Pero dozenas de solicitudes de empleos más tarde, billes en las nubes, y cuentas sin fondos, nos toca en los momentos más difíciles de nuestro país, tomar la decisión de partir a abrir camino en otro lado.  Han sido años de crecimiento, de madurez, de enriquecimiento. Años de vivir en austeridad y solo vivir con lo esencial, con el dinero siempre contado para la compra. Gracias a nuestros padres por enseñarnos el valor de la sencillez y que los lujos y las comodidades no son esenciales. 

Hace unos días entendí, porque el haberme quedado era parte esencial en mi camino en la vida. Me faltaba tanto por aprender de mi pais por las circumstancias (mezcla cultural)en las que me crié. Gracias a estos años que me quedé en la isla, aprendi a ser más puertorriqueña; ahora sí que tengo lo mejor de dos mundos! Aprendí todas las cosas que mi mamá no me pudo enseñar (por razones obvias). Visité lugares de la isla que no sabia que existían, aprendí a cocinar muchas comidas de aquí que no sabia hacer y he comido platos típicos de PR que nunca había comido (gracias a mi suegra). Disfrute Navidades mucho más puertorriqueñas de lo que estaba acostumbrada. Puedo decir que aprendí un poquito a bailar salsa y a pasarla bien en los chinchorros. Y como olvidar los famosos road trips de guiar horas para ir a comer a un restaurante en el campo donde harías 2 horas de fila para comer. He aprendido a valorar más el español y los pequeños detalles de nuestra cultura tan única. Adquirí una familia extendida de la cual estoy muy agradecida. Y llevo con mucho más orgullo, a donde quiera que vaya, la cultura puertorriqueña.
Ser puertorriqueño; no sólo se nace, también se aprende. O por lo menos, así me tocó a mí. A través de mi mamá y mis vivencias, aprendí, que no solo se es puertorriqueño viviendo aquí. Ella es de Bélgica, vive en Texas, y lleva a Puerto Rico como si hubiera nacido aquí. De hecho, ahora que vive lejos me hace enviarle maduritos y sazones y hasta pan sobao de aquí. Pronto me tocará a mí, pero me voy tranquila, porque sé que no importa dónde esté, Puerto Rico vive en mi. 

*L

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